A principios de esta semana, 70 vírgenes consagradas de toda España, de una amplia variedad de circunstancias de vida y con edades comprendidas entre los 20 y los 80 años, se reunieron en la Catedral de Valencia para ayudar a celebrar el XXVII Encuentro Nacional del Ordo Virginum, la Orden de las Vírgenes.
El encuentro abordó la castidad, un rito recuperado desde 1970 de mujeres no religiosas.
En el encuentro, titulado “El atractivo de la virginidad consagrada”, se aborda el “atractivo” de esta renuncia, “en gran medida desconocida en la actualidad a pesar de que surgió en los primeros siglos del cristianismo, y cuyo rito fue recuperado a partir de 1970 para las religiosas”.
El acto consistió en la comunión en la catedral que fue celebrada por el cardenal arzobispo Antonio Cañizares quien elogió el “precioso carisma que envuelve a los miembros de la orden y que han heredado una rica espiritualidad del venerable texto del propio Rito así como de los escritos de los Padres de la Iglesia”.
El Ordo Virginum no se refiere a una “orden” en el sentido de una orden religiosa específica como la Orden de San Benito (Benedictinos), sino que es más bien un uso más antiguo del término que describe un cierto tipo de persona o vocación dentro de la Iglesia.
Porque se ofrecen al Señor de una manera particularmente sincera, a la virgen consagrada se le da tradicionalmente el título de “esposa de Cristo”, lo que impulsó a los Padres de la Iglesia a describir a las vírgenes consagradas como una imagen especial de la Iglesia misma.













