
El alcalde de Orihuela, Emilio Bascunana, asistió este sábado a una jornada patrocinada por el consejero de Transportes donde, según sus 'tuits', abogó por un entorno más verde, limpio y sostenible.
Y, sin embargo, apenas dos días antes, el 2 de septiembre, su gobierno de coalición Partido Popular-Ciudadanos votó la aprobación de un plan modificado para construir 2,200 nuevas casas y apartamentos en Cala Mosca, el último espacio natural virgen de Orihuela Costa.
Todos saben que la consecuencia será eliminar una joya medioambiental, disfrutada por paseantes, ciclistas, amantes de los perros y todos aquellos que buscan acceder a sus calas aisladas, de una zona del municipio cada vez más densamente urbanizada y que sufre este año el peor nivel histórico de servicios básicos e infraestructuras.
Este es un proyecto enorme. Añadirá al menos 6,000 personas, o un 20%, a la población del padrón de Orihuela Costa.
Los gobiernos de Orihuela nunca garantizan que la dotación de servicios básicos se ajuste al aumento de población resultante de su incesante aprobación de nuevos proyectos de vivienda.
Un desarrollo de grandes dimensiones como el de Cala Mosca supondrá previsiblemente un importante deterioro de servicios como la limpieza viaria, la recogida de basuras, el mantenimiento de calles, aceras, parques y jardines.
Si no se produce una reforma en el sistema de drenaje y depuración de aguas residuales que llevamos años esperando, se producirá un aumento de los ya habituales reventones que provocan aguas fecales en las calles como el más reciente cerca del bulevar La Zenia que produjo miles de litros de aguas fecales sin tratar en las calles, un enorme socavón de 3 metros de profundidad y un caos vehicular.
Un aumento del 20% de la población de Orihuela Costa en el contexto del cambio climático podría amenazar también el suministro de agua potable.
¿ERA NECESARIA ESTA APROBACIÓN?
OBJETIVAMENTE NO.
El proyecto desde su inicio en los años 1990 ha estado y sigue estando rodeado de objeciones e irregularidades.
La objeción más importante pendiente proviene del Ministerio de Transportes responsable de la carretera nacional N332 que es el eje vital de comunicación norte-sur de Orihuela Costa y al norte y al sur.
Esta carretera ya presenta una alta congestión en varias épocas del año, especialmente en julio y agosto, lo que provoca retrasos, atascos y frustración. El Ministerio de Transporte ha declarado categóricamente que el proyecto de construcción de Cala Mosca, que añadiría más de dos mil vehículos adicionales y solo tiene una salida directa a la N332, no puede seguir adelante hasta que se adopten las medidas correctivas estipuladas, incluidas las relativas a los niveles de ruido, a cargo del promotor.
Si se aprueba, el Ministerio ha dicho que emprenderá todas las medidas legales a su alcance para dejar sin efecto la decisión del Ayuntamiento de Orihuela.
Esta objeción por sí sola debería haber puesto en guardia al gobierno contra la idea de someter su aprobación a votación en el Pleno, donde, por supuesto, tienen mayoría.
Existen otras objeciones pendientes, entre ellas la de la Fiscalía Ambiental, que considera que los cálculos de la promotora subestiman la población de dos especies protegidas presentes en Cala Mosca.
Es evidente que la urgencia en la aprobación del proyecto reflejó los intereses del poderoso promotor Gomendio. La coalición gobernante del PP y Ciudadanos ha priorizado sus intereses sobre los de los ciudadanos del municipio de Orihuela Costa. En una democracia, esta decisión tendrá consecuencias políticas.
Antes de eso, sin embargo, la votación del 2 de septiembre no es el fin de la historia para salvar Cala Mosca. Si bien la aprobación del proyecto modificado supone un serio revés, cabe esperar impugnaciones legales. La más importante es la del Ministerio de Transporte. No es el único asunto pendiente y la presión política continuará. Incluso el gobierno de Orihuela reconoce que no puede conceder licencias de obra inmediatas.
La lucha por salvar Cala Mosca lleva años en marcha. En concreto, desde que CLARO presentó una petición con 7,000 firmas al Parlamento Europeo en 2010, lo que provocó la paralización del proyecto durante varios años.
Más recientemente, miles de residentes presentaron alegaciones al proyecto modificado, las cuales fueron rechazadas por el gobierno o, más probablemente, por el promotor. Para los residentes de Orihuela Costa, salvar Cala Mosca, nuestra última zona verde frente al mar, del destino del ladrillo y el cemento es una causa emblemática, y la lucha no terminará aquí.












