También se enfrentarán a cinco años de libertad supervisada; un juez decidirá a los 21 años si cumplen sus condenas en una prisión para adultos por el asesinato por razón de género en Orihuela Costa.
Un Juzgado de Menores de Alicante ha condenado a los dos jóvenes condenados por el asesinato de Cloe, de 15 años, en Orihuela Costa, a ocho años de internamiento en un centro de menores, la pena máxima permitida por el sistema de justicia juvenil español. La sentencia, confirmada por fuentes cercanas al caso, también impone cinco años adicionales de libertad vigilada a ambos acusados.
Los jóvenes condenados son el exnovio de Cloe y un amigo que lo ayudó a perpetrar el crimen. El tribunal aplicó las penas solicitadas tanto por el Ministerio Público como por la acusación particular, representada por el abogado Juan Carlos Fuentes en representación de la familia de la víctima.
Ambos fueron declarados culpables de homicidio doloso y recibieron sentencias idénticas. Dado que eran menores de edad en el momento del delito, deberán cumplir sus penas de prisión en un centro de menores cerrado hasta los 21 años, que es el máximo legal. Para delitos especialmente graves, la ley permite que el resto de la condena se cumpla en una prisión para adultos, posibilidad que será evaluada por el tribunal en su momento.
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Actualmente, el ex novio de Cloe ya cumplió 18 años y se encuentra en prisión preventiva, mientras que el segundo acusado aún tiene 17. Si se les exige que cumplan la condena completa, podrían permanecer en prisión preventiva hasta los 25 años, seguidos de otros cinco años bajo un programa de supervisión ordenado por el tribunal.
La sentencia también ordena a los acusados y a sus padres indemnizar a la familia de Cloe por daños morales. Además, el exnovio aún enfrenta procesos separados relacionados con presuntos abusos domésticos durante su relación con la víctima.
La sentencia aún no es firme y puede ser recurrida ante la Audiencia Provincial de Alicante. Aunque ambos acusados se declararon culpables durante el juicio y admitieron su responsabilidad en el homicidio, no se llegó a un acuerdo. Los abogados defensores argumentaron que la cooperación y las confesiones de sus clientes deberían haber dado lugar a una reducción de la pena, postura rechazada por la fiscalía dada la gravedad del delito.
La defensa del segundo acusado sostuvo que el delito constituyó violencia de género y argumentó que su cliente no debería recibir la misma condena que su exnovio, a quien describieron como el cerebro del crimen. Según la defensa, el expareja planeó el asesinato, convenció a su amigo para que participara, lo cometió y posteriormente intentó desviar la culpa vinculando falsamente el crimen con una disputa relacionada con drogas.
Pruebas e investigación
Cloe fue asesinada la tarde del 24 de noviembre del año pasado, en vísperas del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La fiscalía argumentó que el asesinato se trató de un caso de violencia de género después de que la adolescente decidiera terminar su relación.
Los investigadores determinaron que el crimen se había planeado durante semanas. Según la fiscalía, ambos acusados presentaban rasgos psicopáticos e incluso buscaron en línea videos de crímenes reales para ensayar cómo llevar a cabo el asesinato. La víctima fue atraída a un callejón oscuro, donde fue atacada sin sospechar lo que sucedería.
El análisis de los teléfonos móviles de los acusados resultó crucial. Los mensajes intercambiados la noche del asesinato los mostraban alardeando de lo que habían hecho, incluso compartiendo fotos de ellos mismos en casa jugando videojuegos mientras Cloe agonizaba. Cuando más tarde se dieron cuenta, a través de una aplicación de rastreo en el teléfono de la víctima, de que la habían trasladado al Hospital de Torrevieja, les inquietó la posibilidad de que sobreviviera.
A pesar de los intentos de borrar los mensajes, la Guardia Civil los recuperó, junto con los datos de localización que situaban a ambos sospechosos en la escena del crimen. Los investigadores también recuperaron pruebas biológicas y restos del arma homicida: un cuchillo comprado en una tienda de descuento y posteriormente quemado junto con ropa ensangrentada en un edificio abandonado cercano.
Ante la abrumadora evidencia, ambos acusados confesaron. Sin embargo, el tribunal dictaminó que sus admisiones no justificaban una reducción de la pena.












