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RESOLVER MÁS, MENOS ACCIPE — Orihuela Magna Felicitas

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El tan esperado segundo centro de salud de Orihuela Costa no estará listo antes de 2029. Esta es la incómoda conclusión que se desprende de la información más reciente sobre el proyecto de presupuesto de la Generalitat Valenciana para 2026.
El tan esperado segundo centro de salud de Orihuela Costa no estará listo antes de 2029. Esta es la incómoda conclusión que se desprende de la información más reciente sobre el proyecto de presupuesto de la Generalitat Valenciana para 2026.

PAGA MÁS, RECIBE MENOS: el gran éxito de Orihuela

No habrá un segundo centro de salud hasta al menos 2029.

Deja que se hunda.

Tras años de promesas, estudios, anuncios, comunicados de prensa y discursos políticos, a los residentes de Orihuela Costa se les comunica ahora que aún faltan años para que se produzcan avances significativos.

¿Debería sorprenderle a alguien?

Después de todo, se trata del mismo municipio donde los residentes llevan casi veinte años esperando una pasarela peatonal.

El mismo municipio donde el Centro Cívico Ramón de Campoamor permanece cerrado mientras los vecinos siguen preguntando cuándo reabrirá.

Desde hace tiempo se ha previsto la reapertura del centro Ramón de Campoamor, pero el progreso ha sido lento e intermitente, y los repetidos anuncios no se han traducido en resultados tangibles.
Desde hace tiempo se ha previsto la reapertura del centro Ramón de Campoamor, pero el progreso ha sido lento e intermitente, y los repetidos anuncios no se han traducido en resultados tangibles.

El mismo municipio que sufre una grave escasez de contenedores de basura a pesar de años de quejas.

El mismo municipio sigue debatiendo proyectos que deberían haberse completado hace años.

El mismo municipio donde los residentes oyen repetidamente hablar de planes, estrategias, compromisos e inversiones futuras, mientras ven cómo los servicios cotidianos se deterioran progresivamente a su alrededor.

Orihuela se ha convertido en un lugar rebosante de palabras pero desesperadamente falto de acciones concretas.

Los anuncios son fáciles.

Las ruedas de prensa son fáciles.

Las promesas son fáciles.

Los resultados son más difíciles de obtener.

Y ahí es donde los sucesivos gobiernos han fracasado repetidamente.

Lo trágico es que nada de esto es nuevo.

Los residentes se quejan.

Los políticos lo prometen.

Los plazos se retrasan.

Los proyectos se estancan.

Aparecen las excusas.

Nada cambia.

Y justo cuando la frustración llega a su punto álgido, llegan otras elecciones.

Y de alguna manera, el ciclo vuelve a empezar.

Las quejas que inundaron las redes sociales durante cuatro años desaparecen repentinamente.

Los residentes que pasaron años criticando los retrasos, el abandono, el deterioro de las infraestructuras y las promesas incumplidas, de alguna manera se convencen a sí mismos de que esta vez será diferente.

La ira se desvanece.

Los recuerdos se desdibujan.

Las papeletas de votación están marcadas.

Y las mismas maquinarias políticas reciben otro mandato.

Un mandato que no se gana con resultados.

Un mandato ganado a base de costumbre.

Entonces el ciclo vuelve a empezar.

Más promesas.

Más estudios.

Más consultas.

Más retrasos.

Más decepción.

Se ha convertido en el equivalente político de una rueda de hámster.

Todo el mundo se está mudando.

Nadie está llegando a ninguna parte.

Lo más destacable no es que los políticos sigan haciendo promesas.

Los políticos siempre harán promesas.

Lo más sorprendente es que los residentes siguen premiando el fracaso.

En algún momento, la responsabilidad no recae únicamente en quienes gobiernan, sino también en quienes aceptan repetidamente ser gobernados exactamente de la misma manera.

Porque llega un momento en que la negligencia deja de ser accidental.

Se vuelve predecible.

Y cuando algo se vuelve predecible, se convierte en una elección.

La realidad a la que se enfrenta hoy Orihuela Costa es dolorosamente simple.

Los residentes pagan más.

Los impuestos aumentan.

Los cargos aumentan.

Las expectativas aumentan.

Sin embargo, los servicios no logran mantenerse al día.

La infraestructura está rezagada.

La atención sanitaria sigue siendo insuficiente.

Las instalaciones comunitarias permanecen cerradas.

El mantenimiento básico sigue siendo irregular.

Y los proyectos de mayor envergadura permanecen atrapados en un limbo administrativo interminable.

De ahí el lema municipal no oficial:

RESUELVE MÁS, MENOS ACCIPE.

Paga más. Recibe menos.

Una frase que pretende ser una sátira, pero que cada vez suena más como una descripción precisa de la vida cotidiana.

El mayor éxito de la política de Orihuela quizás no radique en la ejecución de proyectos.

Puede que esté convenciendo a la gente, elección tras elección, de que la entrega a domicilio está a la vuelta de la esquina.

El segundo centro de salud.

El puente peatonal.

El centro cívico.

Las instalaciones de reciclaje.

Las mejoras de infraestructura.

Las mejoras prometidas desde hace tiempo.

Siempre viniendo.

Nunca llega.

Y hasta que los residentes no empiecen a exigir resultados en lugar de retórica, responsabilidad en lugar de excusas y cumplimiento en lugar de promesas, la rueda seguirá girando.

Vueltas y vueltas.

Elección tras elección.

Promesa tras promesa.

Año tras año.

Paga más.

Obtén menos.

El gran éxito de Orihuela.