Inicio Educación La temperatura en las aulas sube, y con ella, la ira de Greenpeace.

La temperatura en las aulas sube, y con ella, la ira de Greenpeace.

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Las temperaturas en los parques infantiles se acercan a los 40 °C, mientras que en algunas superficies deportivas han superado los 50 °C.
Las temperaturas en los parques infantiles se acercan a los 40 °C, mientras que en algunas superficies deportivas han superado los 50 °C.

Alumnos y profesores se ven obligados a soportar aulas sofocantes y temperaturas en los patios de recreo que rozan los 40 °C, mientras que algunas superficies deportivas han superado los 50 °C.

Las últimas semanas del curso escolar se están convirtiendo en una dura prueba de resistencia en Alicante.

Con los exámenes aún por delante, las clases aún por terminar y la expectativa de que los alumnos permanezcan concentrados en sus pupitres, el calor extremo ya está convirtiendo las escuelas e institutos en hornos. Las aulas son sofocantes, los patios de recreo se resecan bajo el sol y los profesores luchan por continuar las clases en condiciones que cada vez se describen más como intolerables.

Un nuevo informe de Greenpeace sitúa a Alicante en un lugar destacado del mapa de la crisis de calor en los colegios españoles, advirtiendo de que los edificios educativos no están preparados de forma adecuada para las temperaturas que se registran incluso antes de que comiencen las vacaciones de verano.

En una escuela de Alicante se registran temperaturas en el patio de recreo cercanas a los 40 °C.

Esta semana, Greenpeace visitó un centro de enseñanza secundaria en Benissa como parte de su investigación sobre las temperaturas extremas en los centros educativos españoles.

Al mediodía, las temperaturas dentro de las aulas ya se acercaban a la máxima diaria en el exterior, de 28 °C. En el exterior, la situación era aún más alarmante.

Las temperaturas en el patio de recreo rozaron los 40 °C, mientras que algunas superficies deportivas expuestas superaron los 50 °C.

Se trata de espacios donde se espera que los niños sigan estudiando, haciendo ejercicio, socializando y completando la recta final del año académico.

En toda la provincia de Alicante, incluyendo los colegios de la Vega Baja, las familias y el profesorado han advertido repetidamente de que los alumnos pasan las clases empapados en sudor, utilizando hojas de papel como abanicos improvisados ​​y buscando desesperadamente el más mínimo rincón de sombra durante los recreos.

El calor ya no espera al verano.

El informe de Greenpeace, Al rojo vivo: El peligro del calor en las aulas de españolAdvierte que las intensas temperaturas veraniegas están llegando antes y afectando cada vez más a mayo y junio.

Estos no son meses de vacaciones vacíos. Son algunas de las semanas más exigentes del calendario escolar, con exámenes finales, evaluaciones, programas de estudio incompletos y actividades de fin de año aún en curso.

Sin embargo, muchos edificios escolares fueron diseñados para un clima que ya no existe.

El calor queda atrapado en las aulas donde alumnos y profesores permanecen durante horas. Greenpeace advierte que la exposición prolongada puede afectar el bienestar físico, la concentración y la capacidad de aprendizaje.

Para miles de niños, la jornada escolar ya no es simplemente agotadora. Se está convirtiendo en una prueba de cuánto calor pueden soportar sus cuerpos.

Alicante en el centro de una crisis nacional.

La organización ecologista utilizó imágenes térmicas para documentar las condiciones en escuelas de cinco provincias: Alicante, Barcelona, ​​Madrid, Ourense y Sevilla.

Las imágenes revelan que las temperaturas extremas no son simplemente una molestia incómoda. Están alterando la vida escolar cotidiana tanto dentro de las aulas como en las zonas exteriores.

Muchos parques infantiles siguen estando dominados por el cemento, el asfalto y el hormigón, con poca vegetación y casi ninguna sombra efectiva.

Al mismo tiempo, las autoridades de salud pública recomiendan evitar la exposición directa al sol y la actividad física intensa durante las horas de mayor calor.

Sin embargo, se sigue enviando a los niños a parques infantiles y pistas deportivas donde el suelo puede alcanzar temperaturas superiores a los 50 °C.

“Condiciones que jamás aceptaríamos para nosotros mismos”

El informe de Greenpeace también incluye testimonios de padres que afirman que la sociedad ha comenzado a normalizar condiciones inaceptables para los niños.

Ana Martínez, madre y miembro de la asociación de padres de un colegio público del noroeste de Madrid, describió la situación en términos crudos.

“Me parte el corazón ver cómo hemos normalizado para nuestros hijos condiciones que jamás aceptaríamos para nosotros mismos”, dijo.

Describió cómo los niños pasaban horas sudando sobre sus pupitres y abanicándose con cualquier cosa que encontraran, mientras los profesores intentaban continuar las clases en aulas sofocantes.

En el exterior, los alumnos se agolpaban bajo la estrecha sombra proyectada por una canasta de baloncesto, ya que no había árboles ni zonas suficientemente sombreadas donde pudieran resguardarse del sol.

Las escenas descritas en el informe se hacen eco de las quejas que ya han presentado familias y educadores en toda la provincia de Alicante.

Abrir una ventana no detendrá la crisis.

Greenpeace argumenta que las escuelas no pueden seguir dependiendo de medidas de supervivencia improvisadas.

Abrir las ventanas, bajar las persianas, permitir el uso de ropa más ligera o repartir abanicos de papel pueden proporcionar un alivio momentáneo, pero no solucionan el problema de fondo.

En algunos casos, abrir las ventanas simplemente permite que entre aire aún más caliente en el aula.

La organización afirma que la respuesta debe ser estructural y contar con la financiación adecuada. Sus propuestas incluyen mejorar el aislamiento, instalar sistemas de refrigeración eficientes y de bajas emisiones de carbono, crear zonas de sombra y transformar los parques infantiles de hormigón mediante árboles, plantas y otras medidas de refrigeración natural.

Los edificios escolares deben adaptarse para soportar las condiciones climáticas que los alumnos y profesores ya experimentan, no las de hace décadas.

Greenpeace exige medidas urgentes.

Greenpeace hace un llamamiento a la acción coordinada de las autoridades locales, regionales y nacionales, respaldada por una financiación pública suficiente.

La organización afirma que la burocracia, las disputas administrativas y la falta de recursos ya no pueden utilizarse como excusas mientras se exige a los niños y a los profesores que permanezcan en edificios que no proporcionan un confort térmico y una seguridad básicos.

En Alicante, la advertencia ya es imposible de ignorar.

Puede que se acerquen las vacaciones de verano, pero dentro de muchas aulas ya ha llegado el calor estival, y el año escolar está terminando en un infierno.