El Ayuntamiento de Orihuela ha iniciado acciones legales para declarar inválido su controvertido contrato de recogida de residuos de 2008, después de que un tribunal determinara que el proceso de licitación había sido manipulado.
El contrato fue el eje central del prolongado caso de corrupción de Brugal y fue adjudicado por un gobierno anterior del Partido Popular, encabezado por la entonces alcaldesa Mónica Lorente.
El actual consejo municipal, liderado por el PP, reconoce ahora que la adjudicación del contrato estuvo "viciada penalmente", perjudicó gravemente al municipio y fue el resultado de un proceso de licitación diseñado para favorecer al postor ganador.
Sin embargo, a pesar de la importancia del caso, el asunto solo se debatió durante aproximadamente un minuto y medio en la reunión del consejo del jueves.
El portavoz del PP, Víctor Valverde, afirmó que se trataba de una cuestión estrictamente legal que ya se había explicado en un comunicado de prensa. El alcalde y consejero de Hacienda, Pepe Vegara, no intervino durante el debate.
La revisión formal tiene como objetivo principal proteger al ayuntamiento de una reclamación de 10.9 millones de euros, más intereses, por parte de las empresas que anteriormente gestionaban el servicio.
El contrato se adjudicó en septiembre de 2008 a un consorcio formado por Sufi, filial de Sacyr, y Liasur y Gobancast, empresas vinculadas al empresario Ángel Fenoll. Se firmó por diez años con un coste anual superior a los 9.4 millones de euros.
Una sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Alicante determinó que el consorcio había recibido información confidencial sobre las bases de la licitación. Dicha información se utilizó posteriormente para preparar su oferta y obtener ventaja sobre las empresas rivales.
El tribunal determinó que la exalcaldesa Mónica Lorente y el exconcejal Manuel Abadía estuvieron implicados en el suministro de información privilegiada relacionada con la licitación.
A pesar de las preocupaciones que rodeaban el contrato, Lorente afirmó en su momento que todo el proceso de adjudicación se había llevado a cabo correctamente.
El servicio de recogida de residuos fue asumido por el ayuntamiento en 2012 bajo la gestión de la entonces alcaldesa Monserrate Guillén. Sin embargo, la liquidación financiera definitiva del contrato cancelado nunca se ha completado.
El antiguo contratista reclama ahora 10,931,260 euros, más intereses, en concepto de gastos e indemnización relacionados con la rescisión del contrato.
Los abogados del ayuntamiento argumentan que el contrato no debe considerarse un acuerdo válido que posteriormente fue cancelado. Por el contrario, sostienen que debe considerarse legalmente inválido desde el principio, ya que fue resultado de una conducta delictiva.
Esto dificultaría mucho que el antiguo contratista exigiera una indemnización, el pago de las ganancias perdidas u otros beneficios económicos.
El ayuntamiento también podría reclamar más de 23 millones de euros en concepto de indemnización al consorcio conocido como Orihuela Capital de la Vega Baja. Esta cifra incluye las pérdidas económicas calculadas por los funcionarios municipales, si bien el informe completo no se ha hecho público.
La propuesta de iniciar la revisión fue respaldada por el PP, Vox y el PSOE. Ciudadanos y Cambiemos se abstuvieron.
La concejala del PSOE, María Lacárcel, afirmó que la revisión era necesaria para evitar que los vecinos de Orihuela pagaran millones de euros a causa de un escándalo de corrupción.
El portavoz de Ciudadanos, José Aix, criticó al PP por no asumir abiertamente su responsabilidad política. El portavoz de Cambiemos, Quique Montero, también acusó al gobierno de no explicar adecuadamente el problema a los ciudadanos.
El caso se remitirá ahora al Consejo Asesor Jurídico de la Comunidad Valenciana. Su dictamen será vinculante y de obligado cumplimiento antes de que el pleno del Ayuntamiento de Orihuela pueda decidir definitivamente si el contrato de 2008 debe declararse nulo.












