Torrevieja busca una nueva generación de artesanos para salvaguardar sus tradicionales barcos de sal, una artesanía única que se cree que no se practica en ningún otro lugar del mundo.
Las embarcaciones en miniatura se construyen a mano antes de sumergirse en la famosa Laguna Rosa de Torrevieja, donde los cristales de sal se forman gradualmente sobre sus estructuras revestidas de tela. Las barcas terminadas se presentan como trofeos en el Concurso Internacional de Habaneras y Polifonía y también se obsequian a dignatarios visitantes, convirtiéndolas así en embajadoras de la ciudad en todo el mundo.
Sin embargo, la tradición se enfrenta a un futuro incierto. Solo quedan dos artesanos veteranos de la salinización: Miguel Pérez Muñoz, conocido como “El Gavilán”, y Manuel Sala Campos, conocido como “Pijote”. Ambos son ya ancianos y desean retirarse de este trabajo tan exigente.
Hace cinco años, el Instituto Municipal de Cultura Joaquín Chapaprieta respondió creando una escuela dedicada a preservar y transmitir este oficio.
La iniciativa comenzó con una docena de alumnos, pero ahora cuenta con más de 40. Está dirigida por Vicente Martínez, quien enseña las técnicas a la vez que documenta la historia y el conocimiento que rodean esta tradición.
Alrededor del 95 por ciento de los asistentes son mujeres, lo que sugiere que la próxima generación de destacados artesanos de barcos de sal también podría marcar un cambio significativo en un oficio tradicionalmente asociado con los trabajadores masculinos de la sal.
Los jóvenes empiezan a mostrar interés, aunque atraerlos sigue siendo difícil. Martínez afirmó que las puertas de la escuela están abiertas a todo el mundo, sin necesidad de estar empadronado en Torrevieja.
La construcción de un barco de sal es un proceso largo y altamente especializado. La quilla se corta de madera, mientras que se utilizan varillas de plástico flexible para dar forma al casco. Los palillos de dientes proporcionan los detalles más finos, y toda la estructura se recubre con tela de algodón capaz de absorber la sal.
No se puede utilizar metal porque se corroe rápidamente en el agua altamente salina.
Una vez ensamblada, la embarcación se coloca en la Laguna Rosa. El artesano entonces depende de la naturaleza para completar el trabajo. Las condiciones ideales incluyen altas concentraciones de sal, temperaturas cálidas y un viento constante del este.
El viento mantiene la sal en suspensión en el agua, lo que permite que los cristales se adhieran al algodón y formen estructuras compactas. Si el viento amaina o las condiciones cambian, pueden formarse cristales irregulares, similares a espinas, lo que obliga a los artesanos a limpiar el modelo o retirar la sal y empezar de nuevo.
El periodo más adecuado para este proceso suele ser mayo y junio. A partir de julio, las temperaturas más altas aceleran la evaporación, disminuyen el nivel del agua y aumentan la concentración de sal. Las últimas temporadas han resultado especialmente difíciles, ya que las condiciones meteorológicas adversas han obligado a desmontar algunas embarcaciones y devolverlas a la laguna para intentarlo de nuevo.
La elaboración de una sola pieza puede llevar alrededor de dos meses, dependiendo de su complejidad y de la experiencia de su creador.
La escuela también reproduce embarcaciones históricas de Torrevieja, conservando la memoria de una época en la que la ciudad poseía una de las flotas de vela más grandes del Mediterráneo. Otras creaciones han representado lugares emblemáticos locales, fauna marina y sitios desaparecidos, como el bar El Tintero en Playa del Cura.
Entre los encargos privados se incluyen una réplica de la Torre de la Horadada, coronas decorativas, nombres de niños y lienzos cubiertos de sal.
Martínez espera que algunos ejemplos se conserven en el futuro museo de Torrevieja. Para él, lo que está en juego es claro: si bien una habanera se puede cantar en cualquier parte del mundo, el barco de sal pertenece exclusivamente a Torrevieja, y si la tradición desaparece allí, desaparece para siempre.
Imágenes de Facebook – J Carrion y Ana Meléndez












