Alicante es quizás más conocida por sus playas y sus concurridos centros turísticos, pero la provincia ofrece mucho más durante julio y agosto. A poca distancia, los visitantes pueden descubrir pintorescos pueblos pesqueros, aldeas encaladas, castillos medievales, paisajes de montaña y centros históricos llenos de encanto.
Esta diversidad convierte a Alicante en un destino ideal para excursiones de un día y escapadas cortas en verano. Tras una mañana junto al Mediterráneo, se puede pasar la tarde explorando calles empedradas, miradores panorámicos y terrazas a la sombra donde se degustan platos y vinos locales.
Altea sigue siendo uno de los destinos más emblemáticos de la Costa Blanca. Su centro histórico cuenta con callejuelas estrechas, casas encaladas y plazas pintorescas, coronadas por la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, con su cúpula azul. El pueblo tiene un encanto especial al atardecer, cuando las temperaturas más frescas invitan a explorar sus miradores y disfrutar de magníficas puestas de sol sobre la costa.
Villajoyosa ofrece una experiencia costera más colorida. Sus casas frente al mar, pintadas con vivos colores, reflejan la tradición pesquera de la ciudad y conforman uno de los paisajes urbanos más singulares de Alicante. Los visitantes pueden combinar un día en la playa central con un paseo por el casco antiguo, degustar marisco fresco y descubrir su célebre tradición chocolatera.
Más al norte, Dénia combina playas, historia y una gastronomía excepcional. Su castillo domina la ciudad y el puerto, mientras que extensas playas se extienden a lo largo de la costa. Dénia es famosa por sus arroces, su pescado fresco y sus preciadas gambas rojas. El cercano Parque Natural del Montgó también ofrece oportunidades para practicar senderismo, disfrutar de la naturaleza y contemplar vistas panorámicas.
Jávea es admirada por sus impresionantes acantilados, aguas cristalinas y calas recónditas. Su litoral abarca desde playas de arena hasta bahías rocosas rodeadas de colinas cubiertas de pinos. Aunque animada durante el verano, también se pueden encontrar rincones tranquilos fuera de las horas punta. Su centro histórico, sus miradores y sus restaurantes a pie de playa la convierten en uno de los destinos más completos de la Costa Blanca.
Moraira ofrece un remanso de paz mediterráneo. Su puerto deportivo, playas compactas, calas resguardadas y un atractivo paseo marítimo constituyen una alternativa a los grandes centros turísticos. La ciudad es ideal para disfrutar de almuerzos tranquilos, días de paz junto al mar y relajantes paseos vespertinos.
Los pueblos del interior de Alicante ofrecen una experiencia veraniega completamente diferente. El Castell de Guadalest se alza majestuoso sobre su embalse, rodeado de montañas. Las ruinas de su castillo, sus museos, sus empinadas calles y sus extraordinarias vistas lo convierten en uno de los destinos más memorables de la provincia.
Biar también está dominada por un imponente castillo en lo alto de una colina. Su centro medieval bien conservado, sus edificios de piedra y sus plazas tradicionales crean una fuerte sensación de historia. Rodeada de campiña, ofrece tranquilidad y un agradable respiro del bullicio de la costa.
Busot es una excursión accesible desde Alicante y la Costa Blanca central. Su principal atractivo son las Cuevas de Canelobre, donde una vasta cámara subterránea y espectaculares formaciones rocosas ofrecen un impresionante espectáculo natural y un agradable respiro del calor veraniego.
Banyeres de Mariola revela una faceta más verde y fresca de la provincia. Situada junto al Parque Natural de la Serra de Mariola, está rodeada de bosques, senderos y paisajes de montaña. Su castillo y sus lugares de interés histórico la convierten en un destino especialmente atractivo para los amantes de la naturaleza y la historia.
Novelda posee una identidad propia. El santuario modernista de Santa María Magdalena, situado cerca del Castillo de La Mola, es su monumento más emblemático. La estrecha relación de la localidad con la uva de mesa, el vino y el mármol enriquece aún más su identidad.
La gastronomía es fundamental en cualquier viaje por Alicante. Los arroces tradicionales, el marisco, las verduras, los vinos locales, el chocolate, los helados y los dulces regionales ofrecen otra forma de disfrutar de cada destino.
Durante los meses más calurosos, lo mejor es planificar las visitas turísticas para primera hora de la mañana o última hora de la tarde. Reservar mesa en restaurantes y aparcar con antelación también facilita las visitas a la costa.
En conjunto, estos pueblos demuestran que Alicante es mucho más que un destino de playa. Su combinación de paisajes, arquitectura, gastronomía y tradiciones puede transformar un día de verano cualquiera en una escapada inolvidable.












